EL CAMINO DE SANTIAGO EN ÁVILA

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EL CAMINO DE SANTIAGO DE STO. DOMINGO DE LA CALZADA 29/04/05 A LEÓN 7/05/05

Tras dejar pasar el Año Santo 2004, (cuando el 25 de Julio, festividad del Apóstol Santiago, coincide en Domingo) por el elevado número de peregrinos que saturan los albergues y refugios. Hay que tener en cuenta, que en el año mil novecientos noventa y tres –Año Santo-, el número ascendió a 99.436 peregrinos,  convirtiendo el Camino en los meses de verano, en una auténtica romería.

Al igual, que el dos mil tres, elegimos las fechas de primavera (meses de abril y mayo) gracias a su bondad climatológica, unido al elevado número de horas de luz, y que además, coincide que disponemos de la Festividad del día de la Comunidad de Castilla y León (23 de abril), junto con la Fiesta Local de S. Segundo, patrón de Ávila (2 de mayo), y del uno de mayo, día de la Festividad del Trabajo, para juntar una decena de días y acometer el tramo del Camino Francés, comprendido entre Santo Domingo de la Calzada (Logroño), lugar donde lo dejamos en el dos mil tres y León capital. Atravesando de esta forma las provincias de Logroño, Burgos, Palencia y León en sentido siempre, desde este a oeste.

En esta ocasión, contamos con la estimada compañía de un nuevo peregrino, Fernando Martín Bragado, que tras oír hablar del proyecto que tenemos montado, muestra cierto interés. No está muy convencido del tema; ya que, andar etapas de 25 a 35 Km ., al día, asustan a cualquiera. No obstante, se le facilita documentación sobre las etapas en cuestión, distancia en kilómetros y perfil de ellas, para que madure y cuaje la idea; así como, relación del material y equipo necesario para acometer con éxito el viaje.  Como el viaje en sí mismo, es precioso y el poder evadirse de la rutina diaria durante unos días; hay que tener en cuenta, que disfrutamos de diez días completos, gastando solamente tres días de vacaciones libres (cuatro, cinco y seis de mayo), parece definitivo, que tras obsequiarle con un tubo de vaselina esterilizada para los píes, Fernando, decide acompañarnos, y en cosa de cuatro días, se compra mochila (Deuter, 42 Futura), saco de dormir ultraligero, bastones y junto con una Credencial, que Pedro tenía extraviada del dos mil tres y tras rectificar los datos, el tema está decidido y resuelto.

En casa de Fernando, no se lo creen, ¡están desconcertados¡ Conchita, su mujer ¡alucina!, cuando le ve aparecer con su nueva e impecable mochila recién adquirida, y su cuñado, Miguel Ángel, flipaba, pues siempre ha querido y propuesto a Fernando emprender el Camino, pero le es imposible, por temas profesionales, desaparecer tantos días.

 De esta manera iniciamos nuestra andadura Javier, Fernando y Pedro el viernes 29/04/05.  Enrique, no puede partir con nosotros, por temas profesionales, y quedamos en vernos en S. Juan de Ortega (Burgos) si todo acontece como está previsto.  Álvaro, el hijo de Enrique, subió a su padre el día 30/04/05, y se incorpora al equipo, habiendo faltado a dos etapas (S. Domingo de la Calzada a Belorado y desde Belorado a S. Juan de Ortega).

Es necesario mencionar, el esfuerzo de Enrique para incorporarse; pues ese sábado, se metió entre pecho y espalda unos mil kilómetros aproximadamente, desde Ávila hasta Mérida (Cáceres), vuelta a Ávila, y emprender carretera hasta S. Juan de Ortega (Burgos).

Quedamos en la estación de ferrocarril  a las 11,00 horas, ya que el tren (Intercity, Madrid-Hendaya) tenía la salida a las 11,21 horas.  Nos acompañaron en la estación la mujer de Fernando, Conchi, junto con su hija, Beatriz y su novio Rodri.  Oliver, hijo  de Javier, acercó a su padre a la estación.  Tras un par de fotos, besotes y abrazos de despedida, nos vimos en ruta hacia Burgos.

                                                                                         Estación de Ávila

Trascurrido aproximadamente una media hora de estar en el tren, Javier, se da cuenta que se dejó olvidada en el estación de Ávila, una pequeña mochila donde llevaba los bocatas para este primer día.  Llamó a su hijo Oliver para indicarle que se acercara a recoger la mochila, y éste confirmó, al poco tiempo que efectivamente la mochila estaba en el mismo banco interior de la estación donde quedó extraviada.

Llegamos a Burgos, a las 13,30 horas, con cinco minutos de retraso, que ya llevaba el tren cuando salimos de Ávila.  Tras preguntar como dirigirnos desde la estación de ferrocarril a la de autobuses en Burgos, dimos en acertar con una hospitalera voluntaria, que como iba en esa dirección nos acompañó andando, por un atajo hasta la misma estación, en lugar de ir por la rivera del río Arlanzón.  Estuvo muy amable y encantada de nuestra presencia, ya que el Camino era un tema que conocía y vivía con mucha intensidad. 

Nos sugirió que nos quedáramos en el albergue Parroquial de Grañón, donde por lo visto no hay literas, se duerme con la esterilla en el suelo, y te dan cena y desayuno. El párroco, bendice a los peregrinos. El albergue de cuarenta plazas es gratuito o cobra la voluntad y existe un cepillo donde los peregrinos entregan un donativo, con un letrero que reza: “deja lo que puedas, es la comida para el peregrino de mañana, y si lo necesitas... tómalo”. No lo hemos conocido, porque no entraba en nuestro guión pernoctar en Grañón, ya que estaba a tan sólo siete kilómetros de Santo Domingo de la Calzada y nuestro objetivo era Belorado, pero así, nos lo han contado.

Una vez en la estación de autobuses de Burgos (947-288855) nos dirigimos a la ventanilla de Autobuses Jiménez o Logroza, S.L. (947-266930), que cubre el trayecto desde Burgos a Zaragoza, pero se encontraba cerrada, en vista de lo cual, decidimos aprovechar el tiempo muerto para comer unos bocatas y posteriormente sacar los billetes para Sto. Domingo de la Calzada.  En la misma cafetería de la estación, tomamos unas cervezas, y compartimos los bocadillos con Javier. Y de postre, unas barritas energéticas que llevaba Fernando.  Estando sacando los billetes, para las 15,00 horas volvimos a ver a la Hospitalera que efusivamente nos saludo y despidió, deseándonos lo mejor para nuestro peregrinar. 

Sto. Domingo de la Calzada a Belorado ( 23 Km .) 29/04/2005

Llegamos a Sto. Domingo a las 16,10 horas y nos dirigimos rápidamente callejeando hasta el albergue de peregrinos de la Cofradía del Santo (71 plazas, más 150 colchones) tiene un patio junto al cual está el gallinero de las aves que se conservan en la catedral.  Conocida es la leyenda de que: ”En Sto. Domingo de la Calzada , la gallina cantó después de asada”,  referencia a un milagro del Santo que puso nombre al pueblo y en cuya catedral, aparte de la cripta con el sepulcro del Santo, se conserva un gallinero (con gallinas de verdad, concretamente de plumaje blanco) recordando el suceso.  Tras unas fotos, detrás de la Catedral , en un monumento sencillo, erigido al Santo, donde se encuentra recuadrado un pequeño jardín, con una gran Encina y grabado en una piedra, esta la Hoz , representando las virtudes del Santo, de fuerza y trabajo, respectivamente, junto con la leyenda: En medio de bosques, roturó camino, y el mismo se hizo calzada para el peregrino”.

 

                            Monumento a Sto. Domingo de Calzada.

Nos pusimos en marcha a las 16,30 horas, y como los albergues cierran muy temprano, y teníamos por delante veintitrés largos y calurosos kilómetros, comenzamos en andar las dos primeras horas muy rápidos, saliendo una media de seis kilómetros/hora lo que verdaderamente es una barbaridad. Pasando por las poblaciones de Grañón, Redecilla y Viloria de Rioja, donde nació Santo Domingo de la Calzada.  Desde Viloria hasta Villamayor del Río son casi cinco kilómetros que se camina por el arcén de la carretera.  Ya se nos notaba el cansancio, y la falta de practica de llevar la mochila a cuestas, como sólo restaban unos cinco kilómetros hasta Belorado rebajamos la intensidad de  la marcha. 

Llegamos al albergue privado  y sin subvención de “Cuatro Cantones” a las 20,45 horas. Tras instalarnos en la  segunda planta, bajo cubierta y tras la merecida ducha, cenamos en la misma cocina del albergue lo que restaba del medio día, junto a un bocadillo de tortilla francesa con queso que se encargó en un bar de al lado.  Como llegamos los últimos, nos tocó a los tres literas altas, de las que nadie quiere nunca para sí.   Todos los peregrinos estaban ya metidos en el sobre, y nos quedamos a solas con el hospitalero, muy amable, al igual que su señora, que nos proporcionó unos botes de cerveza para pasar el pan. Estuvo preparando el desayuno, calentando leche y haciendo café, y guardándolo

en unos enormes termos, junto con magdalenas, zumos, pan cortado para untar la margarina, etc. Dormir, dormir, lo que se dice dormir, no se durmió; ya que, había unas francesas roncadoras del inserso que nos amenizaron la noche. Desayunamos muy bien en el mismo albergue y comenzamos un nuevo día. Se dejó de donativo 10 €, y posteriormente comprobamos que nos quedamos un poco escasos, estábamos aún fríos en el tema del precio de los albergues, y además, aquí en Cuatro Cantones (Belorado), nos trataron muy bien.

Belorado a San Juan de Ortega ( 24 Km .). 30/04/2005

Comenzamos la marcha a las 7,40 horas, el día está despejado y tenemos que ascender el Alto de la Pedraja de 1.150 metros . Pasamos las localidades de Tosantos, Villambistia y Espinosa del Camino. A las diez y media llegamos a Villafranca, donde hacemos una parada técnica, de media hora de duración, con abastecimiento de

                                                                                                                      Alto de la Pedraja (Burgos)

agua, ya que se inicia la travesía de más de tres horas, sin posibilidad de encontrar agua. Inspección de plantas de los pies, y toma de unas barras energéticas. Desde el mismo pueblo se inicia la ascensión, al comienzo con las rampas y desnivel más pronunciado.  Decidimos dejar que Javier, pase delante y marque un ritmo suave y constante, pasadas las primeras pendientes el terreno es más cómodo, atravesando un robledal y tras éste, un monte repoblado de pinos. Muy cerca de la cumbre se encuentra un monumento en recuerdo a los caídos de la Guerra Civil. Allí nos encontramos con una peregrina de nacionalidad brasileña que nos hizo un par de fotografías a pie de monumento. Es de mencionar, que aunque Brasil está al otro lado del charco, hay siempre gran número de peregrinos de este país, ya que existe una Asociación de Amigos del Camino de Santiago, donde informan y asesoran a todo el mundo interesado en hacer el Camino.  Desde el alto, se camina por una pista forestal muy ancha que hace las veces de cortafuegos en un mar inmenso de pinos. Tras descender y dejar el pinar aparece el claro donde se encuentra enclavado el monasterio de San Juan de Ortega, donde llegamos a las 12,45 horas.

            La subida al puerto de la Pedraja , que era la dureza de esta etapa, se superó de manera suave y relajada, gracias al ritmo fijo y constante que marco Javier.

            El albergue (947/438016) de  58 plazas más unos cincuenta colchones y esterillas lo administra el párroco y sus dos hermanas.  Conocida es la fama de austeridad de este albergue y fuerte carácter de las verdaderas gerentes que son las hermanas del párroco, a las que no les son de mucha simpatía, los peregrinos de nacionalidad francesa,  que cuentan con fama de tacaños en este albergue gratuito, según ellas mismas nos indicaron. Tras inscribirnos y mencionar nuestro lugar de origen, cuna de la mística española, caímos en simpatía con las hermanas del párroco, que nos invitaron a auto instalarnos y que enseguida pasaban a encender el gas para que nos pudiéramos duchar. Tras subir un piso de escalera se entraba en dos grandes salas con numerosos ventanales, donde estaban las literas con orientación oeste-norte y que hacia un frió que cortaba la cara.  Los servicios con tres tazas y un par de duchas se quedaban claramente escasos. Tras ducharnos (hubo gente con anterioridad, que se duchó con agua fría) tocó cura de ampollas para Javier, en ambos pies a la altura media de los dedos gordos y para Pedro en la zona plantar del pie izquierdo.

     El tratamiento de las ampollas es sencillo; consiste en pincharlas y expulsar todo el líquido o suero y agregar un desinfectante. También es conveniente dejar un hilo atravesando la ampolla a modo de drenaje, para evitar su cierre y vuelta a la ampolla.  Las ampollas son autónomas y aparecen al margen de todas las precauciones de se adopten para evitarlas.  Muy pocos son los peregrinos privilegiados que pueden relatar el haber realizado el Camino sin la presencia de ampollas. En este viaje, Fernando, el neófito, fue el único que no tuvimos que pinchar.  El movimiento o desplazamiento del calcetín, así como roces en costuras, pliegues y protuberancias del calzado, junto con la falta de costumbre del peso de la mochila (se recomienda que todo el peso porteado con mochila incluida no exceda el 10% del peso total del cuerpo) hacen que la pisada sea forzada o diferente y son sin duda alguna, el origen de las temidas ampollas.

           San Juan de Ortega está formada por el Monasterio y unas pocas casas o viviendas, la mayoría deshabitadas. Sólo hay una fuente, donde Fernando y Pedro estuvieron lavando las mudas y camisetas sucias y un único bar “El Marcela” donde comimos y cenamos un plato de la casa de los que había para escoger, acompañado con la bebida típica de vino tinto con gaseosa, helado de postre (tarrina de turrón con almendrado, jarabe de caramelo y chocolate de la marca Nestle), que estaba riquísima; tanto es así, que a media tarde repetimos. A las 19,00 horas se celebró la Santa Misa en el Monasterio. 

    Esa tarde vimos llegar a muchos peregrinos que llegaban destrozados y el albergue estaba completo.   Curiosamente unos se quedaban y otros se marchaban.  Los que venían solos y en mal estado, y seguramente desde lejos, los alojaban con esterillas en el suelo. Los más enteros tenían que proseguir hacia Agés o más allá hasta Atapuerca.  Nosotros ya habíamos reservado litera baja para Enrique.  Que no llegó hasta las 21,45 horas y tras varias llamadas y comunicaciones para señalarle el lugar donde estaba enclavado el pueblo. Esa  tarde ya no hicimos nada, Enrique comió en la misma litera un poco de embutido y a dormir.     Esa  misma tarde, y tras haber cenado, Javier, entabló charla con una de las hermanas del párroco, y le comentaron que habían hecho para cenar sopas de ajo para los peregrinos y que por la mañana, a eso de las 7,00 horas darían café sólo como desayuno.

            El albergue es mejorable en limpieza y sobre todo en los servicios, que  eran escasos en duchas.  Se dejaron de donativo diez euros.

S. Juan de Ortega a Burgos ( 25 Km .) 01/05/2005

          Emprendemos la marcha, ya con la totalidad del grupo: Javier, Enrique, Pedro y Fernando a las 6,50 horas.  Estuvimos dudando entre esperar un poco para tomar café, pero al final decidimos comenzar a andar en ayunas, tras una fotos de salida.   Está bastante oscuro, y aún se mantiene encendido el alumbrado público.   Una inmensa cruz marca la entrada en el robledal.   Tras salir del bosque se entran en unos prados con vallas y un par de puertas que hay que abrir y cerrar por el ganado.   Como a los tres cuartos de hora llegamos a Agés, que no tiene servicios, ni bares abiertos a estas horas.  Saliendo de Agés ya se divisa Atapuerca y se camina por la misma carretera comarcal.   A la entrada de Atapuerca hay unas enormes piedras o dólmenes modernos indicando que estamos delante de la Sierra de Atapuerca, a tan sólo quince kilómetros de Burgos y donde se encuentran los yacimientos arqueológicos prehistóricos que han permitido conocer los modos de vida de los primeros seres humanos que habitaron en nuestro continente. De eso hace nada menos que un millón de años.  También, se encuentra un monolito de piedra, que según nos contó el dueño del bar donde desayunos, lo desplazaron los jóvenes de la ruta Quetzal (cuyo director y guía es el aventurero Miguel de la Cuadra Salcedo ), arrastrándola una distancia de más de un kilómetro, mediante gruesas maromas de cuerda y rodándola con unos troncos de árboles a modo como se hacia ya en el mismo Egipto, hace ya más de cuatro o cinco mil años.

                                                                                                                                       Atapuerca (Burgos)

El origen de esta ruta cultural se debe a una sugerencia de S.M. el Rey de España.   Se creó este programa en 1979, con el objetivo de consolidar entre la juventud de 16 y 17 años los cimientos de la Comunidad Iberoamericana de naciones entre todos los países de habla hispana, incluidos Brasil y Portugal.

En Atapuerca desayunamos bollería con un gran café con leche. Cogemos agua en la fuente del pueblo y hacemos unas fotos en un monumento a nuestros antepasados, orientado al este, que consta de un busto de un troglodita con una placa que reza: “Hace más de 800.000 años, el hombre ya vio amanecer desde este mismo lugar”.

 Nada más salir del pueblo el camino se empina para entrar en el monte.  Aquí la pista se bifurca en dos; una para entrar en  campo militar, y otra que lo bordea, dando una gran vuelta y pasando por la localidad de Villalval.  Es aquí, en este punto, donde Pedro, manda hacer un alto para tirar de la documentación que llevamos, ya que recordaba, de la lectura del día anterior, la posibilidad de cruzar la alambrada abierta del campo militar y continuar por la ruta auténtica y más corta hacía Burgos. 

Mientras atravesamos el monte de encinas no encontramos ni vimos a nadie.  Se pudo comprobar que había nuevas y recientes pintadas de flechas (color amarillo); así como,  cintas de color amarillo, con letras de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, anudadas a las ramas de las encinas, y hierros clavados en el suelo y  pintados en su mitad superior, para no extraviarse en este zona, en caso de nevadas que oculten las flechas del suelo.

Lo más delicado de este paso, es coger una desviación a la izquierda que inicia el descenso y que solamente esta marcado con un montón de piedras amontonadas de tamaño mediano.   Una vez fuera del campo militar, se baja por una ancha calzada de tierra, en el fondo de un valle, cuyas altas laderas están sembradas de cereales hasta llegar a Cardeñuela-Riopico.  En este tramo, Enrique grabó el ruido producido por nuestros pasos, con la gravilla suelta.  Sonido producido por la discográfica “El paraguas” y aunque sólo es de cuatro personas, suena como si se tratara de un auténtica compañía militar.

Es importante mencionar que las hojas que llevamos como documentación de la ruta a seguir, corresponde a una guía, cuya duración va a ser infinita.  Ya que, corresponde a la Ruta a píe del Camino de Santiago (Editorial, El País Aguilar), que Recadero Veredas Ramírez, peregrino, que en el año dos mil tres y en Roncesvalles pidió acompañarnos y que gustosamente accedimos.   Recadero, madrileño de adopción y natural de Granada, prejubilado del sector de la banca, prometió remitirnos una guía para cada uno, ya que el tenía un cuñado, que tenía acceso por su trabajo a ellas.  Y al igual, que Usted, que lee esta memoria, no ha recibido la guía, ninguno de los tres, (Javier, Enrique, Pedro) la tenemos tampoco; por ello, no hay guía ...que más nos dure. 

            En esta ocasión, se consiguió de la Biblioteca Pública de Ávila y se fotocopió, y aunque la edición es antigua, nos vale para nuestros propósitos.   La guía es muy práctica en su formato, pues está editada como una libreta cuyas hojas están insertadas por un alambre pudiendo arrancar las páginas que se necesiten.  En cuanto a su contenido detalla todo el Camino de Santiago desde sus dos puntos de origen –en Navarra y Aragón- dividida por etapas y describiendo el trayecto, necesidades de aprovisionamiento, planos, fotografías, albergues, refugios, número de plazas., etc.  Se edita nueva cada año, actualizando las ampliaciones y modificaciones de los albergues, así como los nuevos que van apareciendo.


Sierra de Atapuerca (Burgos).

Después de un par de kilómetros se llega a Orbaneja-Riopico, al poco de rebasar el pueblo se da con el puente sobre la autopista que indica la proximidad de Burgos.  Tras cruzar la autopista existe la posibilidad de entrar a Burgos por el Castañar o por Villafría.   La hospitalera que conocimos al llegar del viaje de Ávila a Burgos, nos señaló que entráramos por los Castañares, camino que se desvía a la izquierda y se mantiene durante bastante tiempo paralelo a ésta.  Se trata de evitar la entrada a Burgos a través de la carretera nacional y atravensado los polígonos industriales que han acabado comiéndose y devorando el Camino, ante la entrada de Burgos.  De todos modos, tampoco la entrada por Castañar es para tirar cohetes, trascurre por campos abandonados, escombreras y paralela con la carretera.

            Desde que tomamos el desvío del Castañar, Javier y Enrique se adelantaron. Fernando, se quedó acompañando a Pedro, que venía muy mal debido a las ampollas.  Mantuvimos contacto visual hasta que se nos perdieron, cuando el camino iba paralelo a la carretera N-120 y marcado por hitos en los cruces de las calles de entrada a la ciudad.  

Muy cerca ya de la ciudad, las flechas amarillas cruzan la carretera de dos carriles en ambos sentidos, mientras que los hitos y el resto del Camino siguen en línea recta hacia el centro de Burgos.  A Javier y Enrique, no se les veía ni el polvo,  Fernando y Pedro, lógicamente pensaron que les evitaban la entrada en el centro de Burgos y les dirigían directamente por la vera del río (avenida del río Arlazón), con mayor frescura y sombras, hasta el albergue del Parral.

Tras contactar en varias ocasiones con los móviles, para ver dónde nos encontramos cada grupo y tras indicar Javier y Enrique que están a pie de Catedral, preguntamos a un señor muy amable que tirando de plano, indicó como callejear hasta el mismo centro.   Dejamos el río, subimos por la Avda. de Cantabria y doblamos a la izquierda por la calle Calzadas –marcada en el suelo por las simbólicas Conchas-, atravesando la Plaza de S. Juan y de S. Lesmes.

Lesmes, de origen francés, fundó en Burgos el monasterio benedictino de San Juan Evangelista, y allí se dedicó a atender las necesidades de los peregrinos de Santiago.  Su dedicación y cuidado de los enfermos del Camino, hasta su muerte el año 1097, le mereció ser considerado por Burgos como su santo patrono.

Tras rebasar el Arco de S. Juan,  en el mismo centro de Burgos, y callejean hasta dar con la Catedral donde nos vemos y fotografiamos con la estatua sentada del peregrino existente en la misma plaza.

Desde la Catedral hasta el albergue del Parral estamos a tan sólo quince o veinte minutos.   El albergue está situado en una gran zona verde al oeste de Burgos, casi en las afueras lindando con el antiguo Hospital de Peregrinos del Rey, que en la actualidad es sede de la Universidad.   Esta constituido por varias casas rectangulares de una sola planta y acabadas en madera de pino barnizada en su color.   Llegamos a las 13,30 horas, nos alojamos en el segundo dormitorio de la caseta donde se encuentra la recepción y una sala común de esparcimiento y recreo, con ordenador y conexión a Internet, que ya es bastante común, en los albergues bien montados.  Un cuarto de baño con dos tazas y dos duchas y un cuarto o dormitorio privado para el hospitalero.

            El hospitalero muy educado y de trato agradable enseguida se percató al sellar las credenciales, de que éstas, eran originarias de este mismo albergue; debido a que Enrique por motivos profesionales, viaja todas las semanas hasta esta bella ciudad y de aquí mismo las consiguió para el dos mil tres, cuando iniciamos este caminar.  El albergue contaba con otra caseta con más literas y otra de uso exclusivo de cuarto de baño y aseo. Después de la ducha, Enrique y Pedro se curaron las ampollas. Javier, estaba bien y Fernando, nada de nada. Tras preguntar donde comer, el hospitalero nos mando al otro lado del río, al restaurante Miguel.  Cruzamos el puente y tras la segunda calle a la izquierda, ya se veía el restaurante.  Fernando, miraba y preguntaba, dónde estaba y Pedro, le señala al fondo a la izquierda, “Restaurante Miguel”, Fernando, empeñado en que no, que el cartel que anuncia el bar, es de cerveza S. Miguel, pero no se da cuenta, que debajo marca Restaurante Miguel.  Es importante señalar, que algunos peregrinos acaban las etapas de cualquier forma... cojeando, con muletas, con quemaduras múltiples y en este caso, de Fernando, ¡ciego, ciego perdido! y totalmente desorientado.

Tras comer, regresamos al albergue y descansamos un rato.  El dormitorio estaba casi vacío y no se oía ni el ruido de una mosca.

            A media tarde, Enrique, Fernando y Pedro, decidimos darnos un paseo por el centro de la ciudad.  Nos acercamos para ver el interior de la Catedral , pero como había que pagar tres euros más el precio del folleto informativo, al final, sólo pasamos hasta  la caseta interior donde se filtraba la entrada.  Comprobamos con nuestros ojos, la restauración y limpieza en sus muros, dónde se observaba el corte de hasta donde se había limpiado los sillares de piedra caliza.  Salimos de la Catedral por el Arco de Santa María, hasta el paseo del Espolón,  nos sentamos en una terraza y  tomamos unas cañas a palo seco; porque todavía estamos esperando las aceitunas, donde por cierto, nos dieron un sablazo cojonudo.

            Fuimos a cenar al restaurante Miguel, donde habíamos quedado con Javi, que  se hizo de rogar hasta que apareció.     Era importante su presencia... ¡tenía que pagar!  Javier, se encargó de atender los gastos comunes  y cada dos o tres días, hacíamos las cuentas.

            El albergue del Parral consta de 96 plazas (947-460922), pertenece a la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Burgos. Se encuentra a la salida de Burgos en una gran zona verde.  No tiene cocina y hacen limpieza diaria. 

Desde Burgos a Hontanas ( 30,9 Km .) 02/05/2005

Iniciamos la marcha a las 7,30 horas, rápidamente se sale de Burgos y no encontramos nada abierto donde desayunar.  Se pasa bajo las vías del tren y transcurre por una carretera paralela al río.    Antes de llegar a Villalbilla, nos rebasó con paso decidido y muy ligero una joven peregrina que porteaba una pequeña mochila.   Por su propio aspecto, ropa y botas limpias, comentamos que se notaba que estaba muy fresca y que acaba de iniciar el Camino; o bien, que se estaba estrenando.  En la siguiente etapa conocimos que acababa de iniciar el Camino en el mismo Burgos.

A las 9,30 horas llegamos a Tardajos  donde desayunamos café con magdalenas, menos Javier que pidió un donnuts.   Después del café, Enrique, pidió un poco de chorizo, y le pusieron una ración, como sobró, se guardó para otro momento.  Javier estuvo buscando un cajero automático de la Red Servired , para sacar dinero, pero sólo había en el pueblo Red 6000 y claro está, éstos cobraban comisión. 

El Camino prosigue sobre una carretera comarcal hasta Rabé de las Calzadas, ambos pueblos muy próximos y a vista uno de otro, entre ambos está el río Urbel que hay que cruzar.  Desde Rabé de la Calzadas hasta Hornillos el Camino trascurre en línea recta por unos altos páramos ( 831 metros de altitud) donde corría un fuerte aire.  A Hornillos llegamos a las 12,30 horas. Se camina durante una hora aproximadamente por una meseta hasta Arroyo Sambol, atravesando el puente sobre el arroyo que lleva el nombre del pueblo o viceversa.  Desde aquí hasta Hontanas la pista transcurre por una alta meseta muy monótona.  Hontanas se encuentra en un gran bache del páramo y hasta que no se está encima de ella, no se ve la torre de la Iglesia.  La bajada hasta Hontanas es muy rápida, pronunciada y zigzagueante llegando a las 14,30 horas.  El hospitalero de Burgos nos dio una tarjeta de un albergue nuevo en Hontanas llamado “El Puntido”, que estaba muy bien, pero como llegamos tarde, ya se encontraba completo.  En consecuencia, nos dirigimos al albergue municipal de peregrinos (947377479) que consta de 50 plazas distribuidas en diversos locales, a nosotros nos acoplaron para estar juntos, en un edificio que parecía ser una antigua escuela, con amplios ventanales orientados al sur.  Nos instalamos (literas bajas) y como era la hora de comer, regresamos al mesón-albergue El Puntido (947-378597), donde comimos francamente bien, con primeros platos de cuchareo (judías y garbanzos).

            Tras la comida regresamos al albergue para reposar.   A media tarde, ya estaba completo el albergue.   Nos duchamos; para Pedro y Javier, el agua caliente ya se había acabado.  Estuvimos lavando la ropa (Fernando, Enrique y Pedro) que tendimos en una alambrada de color verde contigua a la casa.  Pedro dejó las playeras a secar a pie de alambrada y un perro pastor alemán de la casa de enfrente, que estaba por allí suelto, le dio por jugar con ellas, así que cuando las recogió, ya estaban bastante deterioradas.    Como había barreños y sal, los tres mencionados con anterioridad, metimos los píes a remojo en agua con sal para relajar las plantas.  Con anterioridad lo hizo Jordi (joven peregrino catalán, que caminaba junto a otros dos salmantinos –Agustín y Santiago- , más un brasileño de nombre Gaspar de sesenta y tantos años).

            Como el albergue tenía cocina, y el pueblo es muy pequeño, le comentamos a la hospitalera dónde podíamos conseguir comida para cenar, y nos comentó que dependiendo de lo que fuera, ella misma, lo suministraba.   Decididos a cenar una sabrosísima tortilla española de patatas, acompañada de una ensalada. La Señora Hospitalera , muy amable se enrolló y nos seguía el juego, pensando para sí, que la iba a tocar hacernos la tortilla.  Nos proporcionó: pan, una docena de huevos, patatas, una cebolla, una lechuga, tomates, un paquete de tres latas de atún en aceite, un bote de aceitunas rellenas de fina anchoa,  un bote de cristal con pimientos asados de 250 gr., y de regalo y de su propia matanza, nos obsequió con un chorizo casero.  Nos pidió por todo nueve euros.   Se quedó con nosotros para ver que hacíamos, un poco incrédula.  Desconocía que teníamos en el grupo a un gran maestro gourmet, Enrique, experto, con muchos años de experiencia  en temas culinarios.   Dividimos la tarea, Fernando y Javier se encargan de recoger y fregar.  Enrique, de cocinero y Pedro de pinche de cocina.

 

 

            La hospitalera vio como Pedro pelaba y cortaba las patatas, y dijo,  ¡éste sabe lo que hace!  Enrique frió las patatas y llegó el gran momento de cuajar la tortilla.  El Maestro, solicitó la manta  para taparse, y entre Fernando y Pedro, a cada lado de Enrique, le cubrimos. ¡ No podíamos dejar que se plagiara el cuaje !  Pero el asunto no quedó aquí; ya que, había que dar la vuelta a la tortilla, la hospitalera se ofreció voluntaria, y de nuevo el Gran Maestro, demostró sus habilidades dando la vuelta a la tortilla y lanzándola hacia arriba con doble mortal y medio.  Para terminar de rizar el rizo, Pedro, salió a la calle con sartén en mano y el Maestro, desde dentro, lanzó la tortilla por la ventana, atravesando el muro y siendo  recogida dentro de la sartén  (El agudo lector se habrá percatado, que este último hecho relatado, no forma parte de la realidad, pero hay que destacar, que así se pensó en hacer y no se llegó a consumar, porque la ventana tenía verja e impedía el pase de la tortilla).  La tortilla estaba riquísima y tierna –nota para las parientas-, con su cebollita, su sal y todo.

            Mientras cenábamos entró Agustín de Salamanca, que iba a hacerse una tortilla simple a la francesa, como nos había sobrado huevos se los dimos, junto con una lata de atún y allí se sentó con nosotros.  Medalla de Oro, para la hospitalera, que no se cortó ni un pelo y nos siguió el rollo y el juego hasta el final.  Se lo pasó y disfrutó con nosotros de miedo.  La sobremesa trascurrió sentados en la puerta del albergue, hablando de las cosas del Camino, con otros peregrinos y la propia Hospitalera., hasta que sobre las diez apareció su marido a recogerla.

    Llegada ya la oscuridad y estando la mayoría de los peregrinos metidos en la litera, apareció Santiago de Salamanca, para que le curáramos las ampollas.  En los escalones de la casa de frente e iluminados con la luz de las linternas estuvimos un buen rato con estos quehaceres.

 Desde Hontanas a Fromista ( 35 Km .) 03/05/05

            Salimos a las 6,40 horas, ya que se presenta una etapa de muchos kilómetros (treinta y cinco).  Todavía permanece encendido el alumbrado público. El cielo está totalmente limpio y despejado.  En Hontanas no encontramos nada abierto donde poder desayunar.

 

                                                                  Convento de S. Antón

El Camino trascurre por una vereda zigzagueante dentro de un valle estrecho, hasta que sale  y prosigue por la carretera comarcal sin apenas tráfico hasta el mismo Trastrojeriz.   Después, de una hora aproximada de camino, y en una curva de la carretera a la derecha, aparece ante nuestros ojos las ruinas del Convento abandonado de S. Antón.   Es de señalar, que la carretera pasa literalmente por debajo de los arcos del convento.   La historia y la leyenda hablan de rituales esotéricos de esta orden –fundada en el siglo XI- que ponía fin a los males de los enfermos que padecían el fuego de San Antón, enfermedad gangrenosa muy extendida en la época.  La orden se extendió por Centroeuropa y el propio Camino trajo consigo a los monjes antonianos que fundaron una de sus casas madres en la cercanías de Castrojeriz.  Atendían a los peregrinos y a quines padecían el fuego de San Antón.  Un peregrino francés recogió en su diario lo que vio a su paso por el lugar: “Cortan brazos y piernas y los cuelgan a las puertas del hospital”. El recorrido continúa por la carretera hasta  llegar a la colina donde se encuentra las ruinas del castillo del siglo VIII, bajo la que se asienta y dio origen a Castrojeriz.  Llegamos a las 8,25 horas.  Vamos buscando algún lugar donde poder desayunar; Pedro, está con antojo y dice que quiere tostadas, ¡ como Dios manda !  He aquí, que damos con un bar, en la entrada del mismo pueblo, en cuya pizarra en la misma calle, informa de café con tostadas y mermelada.  Al entrar nos encontramos, que ya estaban allí Jordi con Gaspar, y posteriormente entraron Santiago y Agustín.  El pan estaba aún caliente. El desayuno fue de lujo.  

     Atravesando el pueblo vieron –Gaspar y Pedro- en el lado derecho de la calle principal que atraviesa el pueblo, una vivienda en ruinas, que tenía clavadas muchas herraduras en su fachada.  Gaspar, preguntó: que significado tenía aquello; la posesión de una herradura como amuleto es símbolo de suerte y fortuna.  Aunque, según reza la tradición, para que tenga verdadero poder como amuleto, se deben utilizar auténticas herraduras de caballo hechas de hierro, a fin de colgarlas cerca de la puerta de entrada de las casas y establos. Con este gesto se pretende ahuyentar los maleficios, el mal de ojo y los malos espíritus.  Esta costumbre de usar herraduras como antídoto contra la mala suerte y los hechizos es muy antigua.

     Nada más salir del pueblo ya se divisa el alto de Mostelares  de 910 m . altitud. Se asciende por una pista trazada diagonalmente a la izquierda.  Se trata de la última meseta desde la salida de Burgos.   Antes de comenzar la ascensión se pasa el río Odrilla sobre un puente de madera de reciente construcción.   Indicamos a Javier que pase a primera fila y marque ritmo. Delante caminan, Santiago, Agustín, Jordi, Clara, y otros peregrinos.  Gaspar (brasileño) comienza la subida con nosotros, pero conforme se va tomando altura, queda rezagado.  La pendiente es impresionante.  A medida que se asciende se va notando el esfuerzo y el caminar se hace más lento.  Nosotros mantenemos el mismo ritmo del principio: suave pero implacable.  Vamos acortando distancias con los peregrinos que nos anteceden.  Si hay algo, que marca la diferencia de los peregrinos oriundos de las altas tierras de Gredos, es el poder y fortaleza en la subida.   A los 40 metros del alto, Pedro, que está fortísimo, hecha a correr, coronando el alto en plena carrera. Sobre la cima azota el viento. El resto de los peregrinos, exhaustos por el esfuerzo, se quitan las mochilas y se sientan a tomar un respiro.  Nosotros saludamos y pasamos el alto con paso decidido para comenzar el descenso.  Imaginamos los comentarios de nuestros compañeros de subida:  ¡vaya pasada!, ¡como suben estos tíos! , ¡qué barbaridad!...

     El descenso es corto, muy empinado y pedregoso.   Todo a nuestro alrededor son grandes extensiones de cultivo de cereales –trigo y centeno- que se mecen como grandes olas manejadas por el viento.   El tramo del llano termina en una pequeña elevación con la fuente del Piojo, a la izquierda y que ha sido reconstruida.  No paramos, ya teníamos a Santiago y Agustín, que llanean muchísimo, pisándonos los talones.   El Camino continúa por la carretera hasta Itero del Castillo –último pueblo de la provincia de Burgos-.   Tras pasar el río Pisuerga que hace de frontera entre las provincias de Burgos y Palencia, realizamos una parada técnica en un área de descanso existente nada más rebasar el río.  Barras energéticas, agua, micción, etc.  En esto, llegan Jordi, Santiago, Agustín y Gaspar.  Desde aquí, ya se divisa Itero de la Vega y tenemos ocho kilómetros hasta Boadilla del Camino con un alto entre medias de 1.900 metros .  Durante este tramo, Jordi,  que viene muy fuerte desde atrás, nos rebasa.  Javier, que nunca se pica, le sigue el paso y nosotros con él.  Javier afloja y Pedro pasa tras Jordi.   Esta pequeña carrera -entre comillas- no tiene mucho sentido, pero realmente así ocurrió y continuó hasta la entrada del mismo Boadilla.  Jordi es  muy joven pero camina con una mochila muy grande y cargada, por ello, mantuvimos su ritmo.

 En la entrada de Boadilla descansamos en una fuente-depósito, cuya  singularidad es que para extraer el agua por el caño, hay que girar un gran volante circular, que tiene marcado el sentido de giro –a la derecha-, claro está, pero en realidad sale girando a cualquier lado-.  Hace muchísimo calor, y la mayoría de los peregrinos se quedan a comer en el bar del pueblo.  Nos encontramos cansados, por la última tirada y Enrique comenta que ya es muy veterano para estos alardes de fuerza, que después se pagan. Tras la parada técnica continuamos hasta Frómista.  Aún restan cinco kilómetros, y por experiencia sabemos que la última hora es siempre la peor.  Se acumula  el cansancio, más el calor del medio día

 Enseguida se toma la margen izquierda del Canal de Castilla que te lleva hasta Frómista.  Justo antes de Fromista están cuatro esclusas necesarias para salvar un desnivel de 14,20 metros , por donde se cruza el canal para entrar en el pueblo.

            El Canal de Castilla constituye una de las mayores obras de ingeniería de su época.  Se inicio su construcción en el 1753 y duró casi un siglo, debido a la envergadura de las obras, a una mala gestión económica por parte del Estado, guerras...  La aparición del ferrocarril poco a poco fue desplazando en importancia al canal, que acabó cerrándose al tráfico en 1959.   Recorre un total de 207 kilómetros , con un desnivel a lo largo de su trazado de 150 metros , con cuarenta y nueve esclusas, cuatro acueductos, 3 represas, 66 puentes, 4 dársenas, muelles, molinos de harina y papel, un batán, una ferrería, varias centrales, varios astilleros y diques secos.  Su principal objetivo fue dar salida a los excedentes de grano y comunicarlos  con el océano a través de la navegación fluvial y poder así aprovechar una riqueza que de otro modo se perdería. El transporte de mercancías se realizaba por medio de barcazas que eran arrastradas por mulas que iban por los “Caminos de Sirga” los cuales discurrían paralelos a las márgenes del Canal.  El perfil del canal tiene forma de “Y” invertida con tres ramales para conectar Valladolid y Medina de Rioseco con Alar del Rey.  Hoy día tiene como uso principal el regadío de una amplia zona en las provincias de Palencia, Valladolid y Burgos, aunque algunos usos como el turístico empiezan a implantarse.

En este último tramo de la etapa, desde Boadilla hasta Frómista, Enrique se quedó rezagado y entabló amistad con una conocida peregrina de vista, que a la salida Burgos nos rebasó.  Se trata de Clara, joven caminante de veinticuatro años y nacionalidad australiana que reside en Inglaterra.   Tiene el mismo nivel de español que nosotros de inglés; ósea, ¡nada de nada!.  Se hace entender mediante un pequeño diccionario y camina sola.  Enrique, viene tocado, y este último tramo se le hace bastante agradable y entretenido gracias a la joven y guapa compañía.   Entramos en Frómista a las 14,30 horas.   El responsable del albergue es el Ayuntamiento y dispone de 55 plazas.   Es una vivienda de dos plantas con un amplio patio a la entrada.  En la planta baja cuenta con zonas comunes: recepción, comedor y cocina privada del albergue.  En el hospedaje hay posibilidad de incluir el desayuno en la salida, a la que nos apuntamos. Los dormitorios se encuentran divididos en tres o cuatro estancias con literas y algunas camas bajas. Los servicios y duchas están divididos en ambos géneros.  Está limpio y la hospitalera es cordial y amable.   Nos instalan en una esquina del edificio y la estancia o habitación hace de pasillo a otra habitación contigua.  Como se trata de una esquina, contamos con dos amplios ventanales, un par de sillas y hasta una percha de pared. –Todo un lujazo-. La habitación cuenta con tres cuerpos de literas doble y una cama baja. Fernando, es afortunado y se acopla en una cama normal de 80 ctms.,  Javier y Pedro literas bajas.   La hospitalera nos indicó que dejáramos libre, al menos una litera baja, por si entraba algún peregrino de edad avanzada, como Fernando, que no pudiera trepar hasta la litera alta.   Hecho que comentamos a Enrique, cuando entró en la habitación, pues sólo quedaba una litera baja libre, pero claro, no se lo creyó, pensando que era broma y cogió la parte baja.

Como ya era muy tarde nos fuimos directamente a comer. Nos acompañó Clara y posteriormente se unió Carlos, viejo peregrino, jubilado, que ya había hecho el Camino en varias ocasiones,  daba aspecto de estar relacionado con el clero, podía pertenecer perfectamente al Opus Dei.   De trato refinado y educado, con amplio nivel cultural, que hablaba perfectamente inglés.  Llevaba colgada del pecho, de un cordón rojo, la concha o vieira, emblema del Camino de Santiago. Nos recomendaron un restaurante situado enfrente al albergue, pero estaba completo.  Un poco más alejado hay un bar cafetería con carta de menús y platos combinados.  No había nadie comiendo.   Nos sentamos, tras preguntar si nos podían dar de comer.  Sirvió unas ensaladas mixtas de tamaño descomunal; así como, los filetes con patatas fritas, de segundo. Fruta de postre y cafés.  Conversamos con una par de chavalas que comieron en mesa contigua a las nuestras.  Para perpetuar el recuerdo,  les pedimos que nos hicieran unas fotos,  Tras la sobremesa nos fuimos al albergue para descansar un rato.  Esa costumbre tan española que hemos exportado, y que antiguamente tenía tan mala prensa y ahora resulta, que los entendidos dicen que es divina: “ La Siesta ”.  Nosotros solemos trabajar la conocida comúnmente como la “Siesta del cura”, ¡hasta la misa de ocho!.

            Al regresar al albergue, la habitación se había llenado con un par de jóvenes peregrinas de nacionalidad holandesa, que no hablan ni jota de español. A media tarde, nos aseamos y curamos nuestras ampollas, en esto, llegó Clara, para lo mismo.  Pedro, el galeno de la expedición, le dijo que se tumbara sobre su cama y sentando en la silla, procedió a pinchar y parchear ampollas.  La chica tenía ambos pies hechos una auténtica pena.  Ampollas sobre dedos, zona plantar, talones y en los lados exteriores de los pies.  Fernando y Javier, desde sus respectivas camas observaban el espectáculo.  Enrique, ayudaba a desinfectar con yodo las ampollas.  El proceso de pinchar la ampolla no duele nada; ya que, se pincha en hueco entre la piel y la carne.  Pero el yodo escuece al entrar en contacto con el cuerpo.   Así pues, y para que la chica se relajara con el escozor del yodo, Pedro, aprovechó para culturizar a la niña y enseñarle palabras, de este nuestro rico idioma.  Le dijo que cada vez que le picara, dijera: ¡Coño!, ¡Coño, Coño, Coño!,  entre coño y coño consiguió superar la dura prueba.  Clara, no sabía lo que decía, pero terminó diciendo y pronunciando el vocablo en un perfecto español, que muchos extranjeros quisieran para sí.   También, hubo que ponerla un opsite –segunda piel- en la cintura izquierda que le había producido el roce de una cinta de la mochila.  Fernando, intento perpetuar la cura con una fotografía, pero Clara, negó con un gesto de la cabeza.   En mitad de la faena, entró en el cuarto Carlos, que dormía en la habitación contigua en cama normal. Pedro, aprovechó para decirle que le explicara en inglés a Clara, el significado del taco ¡coño!, tan utilizado por los españoles.   Carlos, quedó muy sorprendido, y contestó diciendo: ¡ que menudas cosas enseñábamos a la chica !, ¡ Qué sería mejor, enseñarla el Ave María !.    Como podéis imaginar, no la explicó el significado de la palabrota.  También, se le dijo que la comentará  que tenía que disminuir el ritmo de marcha, tal como se encontraba de los pies.  A esto último, si accedió. 

Entre ¡coño y coño!, ¡estate quieta! y ¡no te muevas!, se nos fue una hora y media.

          Después, fuimos a visitar la iglesia de San Martín,  de las mejores en arte románico, de todo el Camino.  La vimos por el exterior, ya que al intentar entrar sólo quedaban cinco minutos para su cierre.   Javier y Pedro, intentaron conseguir efectivo; pero uno, por cobrar comisión; y otro, por no disponer de dinero el cajero, respectivamente, no conseguimos nada.   Como el albergue contaba con una sala común que hacía las veces de comedor  para el desayuno y zona de estar fuimos a comprar la cena en un supermercado cercano al albergue  -embutido, fruta, yogures...

 

                                                  Iglesia de S. Martín (Frómista)

Durante la cena conversamos con un par de peregrinas vascas, y una peregrina brasileña de unos cuarenta y ocho a cincuenta años, prejubilada de la administración,  que nos regalo media botella de vino de rioja.  Enrique, estuvo tomando queso y le vino de perlas.  Le comentó, que se había bebido ella sola, casi la totalidad de la botella, y ella contestó, que era su técnica para descansar y dormir bien.

          Carlos, a eso de las diez de la noche y preparados para acostarnos nos trajo a una peregrina suiza para que la apañáramos los pies.  También apareció a última hora Santiago, que venía preparado con aguja, hilo y hasta parches que había adquirido en la farmacia,  -estas últimas curas del día, se realizaron con la luz de la linterna, pues era hora de silencio-  Como nosotros teníamos bastantes parches, se le dijo a Santiago que guardara los suyos, por si más adelante le hacían falta.    Carlos se quejaba de una tendinitis en un pie, y le suministramos un antiinflamatorio y un protector gástrico.

Desde Frómista a Calzadilla de la Cueza ( 36 Km .) 04/05/2005

        Tras desayunar en el propio albergue de Frómista,  comenzamos en andar a las 7,30 horas. El pronóstico del tiempo es de chubascos intermitentes y tenemos por delante  una dura y larga jornada, como después comprobaríamos.  Estamos en tierras de Campos, la  tierra ambiciosa abarca el horizonte, y la vista no tiene donde recrearse, sólo rectas ondulantes e infinitas.  Las mesetas y montañas quedaron atrás.

       Nada más salir y pasar por encima de la circunvalación se sigue recto por la carretera en dirección a Carrión de los Condes entre amplias extensiones de regadío.  En media  hora rebasamos Población de Campos y se anda hasta Villovieco –queda a la derecha y no se entra en el pueblo- por una ancha pista erosionada y desbastada por la maquinaria agrícola.  Con tanta piedras sueltas, el camino se hace incomodo.  En el cruce de la carretera que viene de Revenga de Campos hay la posibilidad de andar a ambos lados del rió Ucieza.  El tramo hasta Villarmentero de Campos es  corto –1.3 km.- paseando por un  camino sombreado por los álamos de la ribera del río.   En este tramo, un campesino que nos adelantó con su furgoneta, hizo un par de paradas para saludarnos y ofrecernos unos caramelos.  Nos comentó que iba a su palomar, y que si queríamos verlo.  A la salida de Villarmentero de Campos vimos el palomar circular y encalado abierto.  Entramos para ojear y saludar al paisano, que tan agradable había sido con nosotros hacia sólo un rato.   Nos comentó que había solicitado a la Junta de Castilla y León una subvención para arreglar el palomar y en ello estaba. 

     Desde Villarmentero de Campos hasta  Carrión de los Condes todo el recorrido se cubre paralelo al margen derecho de la carretera y entre mojones. Todo es monotonía.  Justo en este punto y tras mirar hacía atrás vimos a Clara, había optado por andar al otro lado del rió Ucieza, por ello, no la habíamos rebasado.  Ella venía bastante despacio y dolorida.   Javier, Fernando y Pedro marchábamos delante, y Clara con Enrique venían detrás.

     Llegamos a Carrión a las 11,30 horas, paramos en un banco frente al convento de Santa Clara,  para descansar y esperar a Clara y Enrique.   Todos juntos nos dirigimos al centro del pueblo, a la altura del albergue de peregrinos nos despedimos de Clara, pues ella, aunque en un principio, tenía pensado proseguir como nosotros hasta Calzadilla de la Cueza , estaba muy mal de los pies y cambio planes.  Estuvimos como una hora en Carrión, sacando dinero y en un supermercado comprando pan y unas latas de bonito para hacernos un bocadillo por el camino. Desde Carrión hasta Calzadilla de la Cueza nos quedan diecisiete largos, rectos, interminables  y duros kilómetros.

            La guía de Aguilar realiza la etapa de Frómista hasta Carrión de los Condes con sólo 19 kilómetros .  La siguiente etapa la marca entre Carrión y Sahagún con 39 km .  Nosotros lo que hacemos es alargar la etapa de Frómista a Calzadilla de la Cueza hasta 36 km ., y prolongamos hasta 22 kilómetros , desde Calzadilla de la Cueza hasta Sahagún.  En total son cincuenta y ocho kilómetros en dos etapas, pero nosotros preferimos lógicamente realizar etapas más equilibradas de 36 y 22 km ., antes que 39 y 19 km .

            A la salida del pueblo se pasa sobre el río Carrión, y un poco más adelante, a la izquierda, queda el monasterio de San Zolio, del siglo X.  Tras cruzar la carretera de Palencia a Saldaña, se sigue en línea recta durante cinco kilómetros, por la estrecha carretera de Villotilla, sin apenas tráfico.  Enrique, en este tramo, camina a su paso, nosotros, un poco delante.  Tras terminar la carreterilla, se continúa de frente y hacia el oeste.   Restan doce kilómetros interminables, por una pista forestal descarnada.   No hay referencias, todo es recto y monótono.   Hace un calor bochornoso insoportable.   No es de extrañar, que algunas guías marquen como una etapa, éstos diecisiete kilómetros.  Hay tanta piedra suelta, que pises, donde pises, siempre se termina clavando la dichosa piedrecilla, en el lugar donde tienes las heridas y ampollas.  No sabes realmente donde te encuentras, si falta mucho o poco.  Aprovechamos una sombra que proporcionan un par de árboles, a la derecha en una fuente no potable para tomarnos el bocadillo.

            Estando comiendo, pasaron primero, Santiago, Agustín y Jordi, y después, Enrique viene acompañado de la peregrina brasileña, que nos regalo el vino, en la cena.   Enrique, sin llegar a parar, nos comenta, que prefiere continuar, que si para, luego no echa en andar.

            Tras el bocata, continuamos.  Pero, cuesta empezar de nuevo.   Hay grandes manchas de nubes negras que amenazan con jorobarnos un poco.   Sobre la mitad del trayecto y habiendo rebasado un par de naves o carrales, comienza a llover.   Aguantamos un poco, ya que, el cielo no está cerrado, es sólo una nube negra que tenemos encima, además no hay nada, ningún sitio donde resguardarnos.   Como la lluvia no deja de caer y mojarnos, Fernando y Pedro, aprovechamos que hay una pequeña área de descanso, con unas mesas circulares de cemento., para apoyar la mochila y sacar, en unos segundos, los chubasqueros para nosotros y la mochila.    Javier, saca el paraguas y se lo acopla entre las cintas de la mochila, de tal manera, que camina sin llevarlo cogido de la mano...  ¡  todo un alarde de de auténtica chulería !.   El cielo continua abierto, el asunto, parece que es, para poco tiempo.   Seguimos andando y mirando a la nubecita, que nos ha tomado cariño y viaja con nosotros en el mismo sentido y dirección.    Comienza a divisarse en el infinito y a la derecha, lo que parece ser una torre.     Se va definiendo, poco a poco, la torre, pero no se ve el resto de la Iglesia.   Se trata de la torre del cementerio del pueblo, donde había una Iglesia y en la actualidad sólo queda la torre.   Tras una rápida bajada entramos en el valle y  llegamos a las 17,00 horas a Calzadilla de la Cueza.   La etapa ha sido durísima y estamos bastante agotados.  Enrique, que nos habrá sacado unos cuarenta y cinco minutos,  nos a reservado literas.

 

                                            De Carrión a Calzadilla de la Cueza

                Como es muy tarde, nos tocan a los cuatro, literas altas.   El albergue es privado con 94 plazas divididas en dos plantas.  Carece de cocina, y tiene una piscina, que en verano, vendrá muy bien.   El tiempo ha refrescado y hace mucho aire.   En el pueblo no hay nada, salvo el albergue y un restaurante con hostal, cuyo dueño es el mismo.   Enrique, junta su ropa con la de otros peregrinos y llenan la lavadora.  Como hay barreños, Enrique y Pedro, aprovechan para meter los pies en remojo.   Javier, comenta con Agustín, que si hubiera un poco de sol se bañaría, y éste le dice: ¡que no hay... lo que hay que tener!  Javier contesta, que se apueste unas cervezas.  Agustín, entra al trapo, y asiente con la cabeza.  Pedro, comenta a Agustín, que no apueste, ¡qué las pierde!; ya que Javier está muy acostumbrado al agua fría.  Javier, afirma mirando a Agustín, ¡ ojo, que somos cuatro!. Por fin se mete en la piscina y salpica a los que están sentados en las mesas contiguas.    Al poco rato se puso a llover y hubo que recoger la ropa tendida.   Llegada la hora de la cena, nos encontramos en el restaurante hostal Camino Real con Agustín y Santiago.  Que se pagaron las cervezas de la apuesta, más otra ronda.   Comentaron que habían aprobado unas oposiciones al numeroso y noble cuerpo de “Funcionarios de Carrera” de la Administración del Estado, y más concretamente a la Agencia Estatal de la Administración Tributaría –la puta Hacienda-.  Estaban pendientes de que se publicara  la relación con el destino o residencia, Acababan de salir las listas, y ambos iban destinados a las Islas Canarias,    Entre que se incorporaban, Agustín había sugerido a Santiago el emprender el Camino como promesa,  este último, no estaba muy convencido, pues ya lo había hecho, hacía un par de años, pero al final accedió.   Habían partido desde Roncesvalles, donde conocieron al catalán Jordi, que se unió a ellos.   Pasamos a cenar y ellos se sentaron en otra mesa.   Llegado el postre, el camarero dijo que había tarta, y Javier, que es muy goloso, no dejó pasar la ocasión.   La sorpresa vino después, al ver que no era más que un cuadrito de esas tartas industriales que sirven en los restaurantes.   A la cara, que puso Javier, el camarero dijo: ¡le parece pequeña!, a lo que Javier contesto: ¡hombre... un poquito!  No hay problema, contestó el camarero, y trajo otro plato con dos o tres cuadritos más.  Tras unos chupitos nos retiramos al albergue.

Desde Calzadilla de la Cueza a Sahagún ( 22 Km .) 05/05/2005

          Desayunamos café con leche con pan previamente tostado en el Hostal Camino Real, donde cenamos la noche anterior –entre otras cosas, ya que es el único bar-restaurante de Calzadilla.  Tras desayunar comenzamos en andar a las ocho de la mañana.  El Camino sale por la N-120 hasta el pueblo de Lédigos donde se recupera la traza de la ruta original.  Como a tres cuartos de hora se pasa sobre el río Cueza.  Un poco más adelante queda a la izquierda el antiguo hospital de peregrinos de Santa María de la Tiendas , en la actualidad granja abandonada.

         A quinientos metros antes de entrar en Lédigos, en el punto kilométrico 372,4 se encuentra la mitad justa del Camino desde el collado de Bentartea en la provincia de Navarra justo en la frontera pirenaica entre España y Francia.  Desde Lédigos el recorrido sigue a la izquierda, en dirección a Terradillos de Templarios, único pueblo con posibilidad de avituallamiento hasta Sahagún y donde no queda ningún resto o ruina de sus caballeros, más que su nombre.  A la salida de pueblo existe constancia de un edificio que les pertenecía. Moratinos se encuentra a tan solo tres kilómetros de Terradillos de Templarios.  A media hora y en línea recta se llega a San Nicolás del Real Camino, último pueblo de la provincia de Palencia, antes de entrar en la provincia de León.  Se sale tras cruzar el río Sequillo, el trazado zigzaguea hasta la N-120 y cruzar el río Valderaduey.  Nada más rebasar el río sale una pista a la derecha cruzando la nacional que lleva hasta la ermita de la Virgen del Puente, por donde antiguamente pasaba la ruta.  El nuevo trazado continúa recto con la entrada de las primeras casas de Sahagún.

Este último tramo recto y directo fue el que tomamos.  En este punto veníamos juntos Javier, Fernando y Pedro.  Enrique, a su paso un poco más atrás.   Aquí rebasamos a la peregrina brasileña que nos hizo unas fotos en el alto de la Pedraja.  Desconocemos como pudo llegar hasta aquí.  No la vimos nunca en los albergues.  Andaba muy, muy despacio por su elevado peso.  Eso si que era espíritu de sacrificio, que merecía toda la admiración. A las 12,30 horas llegamos al albergue de Sahagún.

El albergue de peregrinos municipal La Trinidad es una antigua Iglesia remozada como albergue en su primera planta, y sala auditorio y de exposiciones, en la planta baja. En estos días tenía una exposición de grabados sobre la obra de Don Quijote de la Mancha , aprovechando el cuarto centenario del nacimiento de la primera

                                     Iglesia de S. Lorenzo (Sahagún)

 

parte de la obra.  Exposición que visitamos por la tarde.  También vimos una maqueta de unos de los más grandes e importantes cenobios de cuantos Cluny -Congregación religiosa del siglo X que nació en el monasterio de Cluny (Francia)-  levanto en España.    Consta de 64 plazas, más colchones.  Reservamos plaza para Enrique y nos instalamos tras subir solos por una ancha escalera de madera a la planta primera.  De frente a la escalera está la cocina y dos amplias mesas de comedor.  Detrás están los servicios y duchas.  La estancia queda dividida en dos por un pasillo, quedando cuatro literas dobles a cada lado del pasillo.   Las literas están forradas de madera por el fondo y las laterales, quedando los pasillos como aislados e independientes, y dando el aspecto de estar en un vagón de tren.  Enrique preparo un gran letrero que rezaba: “Los Sres., Roncadores” y que colocó a la entrada de otra estancia, que claro está, no era la nuestra.  El techo  es de madera de pino y se puede apreciar el inicio todavía existente de los sillares de piedra de los arcos que sostenían las antiguas bóvedas.  Por la noche, el conjunto cuenta con su propio alumbrado, resaltando aún más su belleza.  Todo un lujazo de entorno para los peregrinos que hasta aquí lleguen a pernoctar.   Con Enrique instalado y tras lavar y tender la ropa en un patio trasero orientado al norte nos fuimos a comer a un restaurante justo enfrente del albergue llamado la Codorniz.   Después de una merecida siesta nos fuimos a pasear por el pueblo.  Conocido por las torres y campanarios de ladrillo rojo de sus Iglesias de planta cuadrada de estilo románico-mudéjar.   Visitamos el interior de la Iglesia de S. Lorenzo, aunque la verdadera belleza de estas Iglesias son sus torres constituidas por plantas cuadradas decrecientes de abajo hacia arriba, con arcos superpuestos en cada cara.

Javier, estuvo buscando una Cruz de Santiago de oro en una joyería, tras ojear varios álbumes de fotos como muestrario, mostró al joyero la que el mismo mando hacer en plata en Ávila en el dos mil tres.  Tras obsérvala y comentar que no tenían nada parecido, observo que el cierre de la de Javier estaba deteriorado y que podía perderla en cualquier momento.  En vista de lo cual, hubo que dejar la citada cruz en la joyería para su arreglo.  Tras la  compra de varios regalos del Camino, compramos lo necesario para cenar en el albergue que tenía cocina.   Enrique, se encargó de freír unos huevos fritos, acompañados de jamón serrano, ensalada y patatas fritas de bolsa, fruta y yogures de postre.

Desde Sahagún hasta Reliegos ( 32 Km .) 06/05/2005

Partimos a las siete de la mañana.  En la salida de Sahagún se encuentra un arco que era una de las entradas de un antiguo monasterio benedictino donde nos hicimos unas fotografías.  Hasta Calzada del Coto a 2,5 km . se llega por la carretera.   Desde Calzada del Coto hasta Mansilla de las Mulas ( 32,1 km .) se ha construido un andadero exclusivo para peregrinos con plantación de árboles cada nueve metros que proporcionan sombra al peregrino, así como áreas o zonas de descanso –con mesas, bancos y recipientes para basura- en los lugares más estratégicos de la ruta, aprovechando vallecillos o arboledas naturales y rompiendo la monotonía del paisaje.  Aunque tenemos el sendero caminamos, con el sol en nuestras espaldas, por el margen de la carretera comarcal.  A la derecha queda una gran charca, un poco más adelante y a la izquierda está la Ermita de Nuestra Señora de Perales y después una granja justo antes de la entrada en Bercianos.  Nosotros continuamos hasta El Burgo Ranero, donde aún restan 6,8 km .  El terreno es muy llano y monótono, marcado por la hilera de árboles.  El tendido eléctrico de alta tensión cruza el sendero en un par ocasiones, y comienza a verse el enorme silo de grano a la entrada del Burgo Ranero.   Llegamos a las 10,45 horas, con desayuno y parada técnica hasta las 11,30 horas, esperando para que llegue Enrique.  En el bar estaban Jordi y Agustín que se fueron al poco de llegar nosotros.     Llamamos al móvil de Enrique, pero no contesta.  Llegaron la brasileña que nos regalo el vino de la cena en Frómista y su compatriota.  Pedro, que estaba en la puerta del bar se acercó y pregunto por Enrique, pero no le habían visto.  En vista de lo cual continuamos la ruta.  Nos quedan hasta Reliegos unos trece kilómetros y hace un calor enorme.  Todo el trayecto es recto, llano y monótono hasta cuando la vía del tren cruza el andadero, luego el terreno  ondula y se empina un poco hasta divisar Reliegos, y desde éste, ya se ve Mansilla de las Mulas.  Un poco antes de cruzar la vía del tren y a medio camino queda a la izquierda Villamarco.  Llegamos a Reliegos a las 14,00 horas,  estando alojándonos recibimos llamada de Enrique, que se encuentra a la altura de Villamarco.  Enrique llegó ese día a las 16,00 horas, estuvo descansando en un área de descanso con otra peregrina. Le estuvimos esperando en el bar Gil donde comimos.

            El albergue municipal de cuarenta y dos plazas divididas en dos dormitorios en la primera planta, junto con una amplia sala de cocina-comedor de forma rectangular con dos ventanas orientadas una frente a la otra.  El servicio y la ducha están en la planta baja.

     Sendero hasta Reliegos

            Entrada la tarde fuimos a visitar la torre de la Iglesia derruida hace un par de años, que era la única parte del monumento que aún quedaba en píe.  Así como las numerosas bodegas excavadas en la misma colina de la Iglesia.  En la típica tienda de pueblo que venden de todo compramos lo necesario para cenar.   En esta ocasión, Enrique nos preparo unas alcachofas salteadas con jamón serrano y ajo.  Llegado el momento del sofrito, el Maestro solicitó manta, y tan rápido como pudimos le tapamos, para que nadie, de los allí presentes, copiara el gran hacer del Maestro.  Nos acompañaron Jordi y Agustín con quienes compartimos charla y cerveza, junto con un matrimonio aragonés de sesenta y tantos largos años, muy cordiales que repetían como peregrinos y que daba gusto verlos caminar cogidos de la mano, como así pudimos comprobar al día siguiente.  Entre Fernando y Pedro recogieron la mesa y fregaron. 

     El dormitorio tenía un pasillo en forma de “U” formado por la situación de las propias literas, que daba la vuelta a la habitación rectangular. Unas literas estaban dispuestas y pegadas a lo largo de la pared y rodeadas por el pasillo había dos líneas de literas pegadas por su costado.  Esa noche, nada más acostarnos, ya se oía el estruendo de los ronquidos.  Javier, que tenía el paraguas a mano, daba regularmente golpecitos técnicos en la litera sonora, atravesando el pasillo para hacer callar el alboroto.  Alguno se puso tapones en los oídos..., y así se fue pasando la noche.  A eso de las cinco de la mañana, ya estaba haciendo ruido un veterano peregrino vasco, que se metía en el saco ya con la ropa puesta, para salir corriendo.  A este grupo de vasco nunca los vimos caminar, salían muy temprano y llegaban los primeros a los albergues.

                                                                                                                         Albergue de Reliegos

 Desde Reliegos hasta León ( 24 Km .) 07/05/2005

     Desayunamos en el mismo albergue, magdalenas con leche.  La maña, que según su marido era muy cabezota, nos ofreció un vaso de leche caliente, pues nosotros andábamos justos.  A las 7,25 horas con la fresca comenzamos a caminar, la que será nuestra última etapa hasta León, una de las ciudades más monumentales de todo el Camino.  Salimos junto con el matrimonio maño, nos hicimos unas fotos, y como el paso de ellos era más pausado, nos despedimos, convencidos que nos veríamos a lo largo de la etapa, como así fue.

 

Desde Reliegos ya se divisa Mansilla de las Mulas, queda a cinco kilómetros.  Nada más salir de Mansilla se pasa sobre el río Esla.  Se camina una hora por la carretera N-601 hasta  Villamoros.  Antes de llegar a Puente de Villarente se cruza el río Porma sobre un puente en forma de curva. Enrique marca su paso.  Desayunamos a las 10,45 horas en Puente de Villarente, Javier, Fernando y Pedro.  Desde aquí el terreno comienza empinarse  hasta el alto del Portillo.  Nada más salir del bar vemos que Enrique marcha delante de nosotros y le alcanzamos.   Como a media hora se llega a Arcahueja y desde aquí se ve Valdelafuente, muy próximo, se camina por la carretera, pues no hay opción de ir por el campo.  Enrique, marcar su paso y se retrasa en la subida al Alto del Portillo –1.200 mts.-   El alto se divisa desde muy lejos gracias a unas antenas de comunicaciones que quedan a la derecha del camino.  Desde el Alto se divisa perfectamente León, con su majestuosa  Catedral.  Estamos a las puertas del casco urbano, y aún queda como una hora hasta el centro.  El descenso del alto es muy rápido y antes de entrar en la propia ciudad se pasa sobre un puente peatonal de hierro pintado de azul del ancho del camino, con su pavimento de madera, que cruza la circunvalación.  Venimos muy fuertes bajando, eufóricos ante el final de nuestro del trayecto.  En este mismo puente rebasamos a unos peregrinos extranjeros que se quedan con cara de “pasmo” al ver el nivel y rapidez de nuestro caminar.  Ya dentro del centro de la ciudad nos llamó Enrique, para ver por donde dirigirse hacia el albergue de las Madres Benedictinas.

            En Reliegos ya habíamos acordado dirigirnos al albergue de las Madres Benedictinas, ya que se encuentra situado en el casco antiguo de León.  En Reliegos, nos comentaron que era un albergue con fama de cierta austeridad, con separación de dormitorios por sexo,  horarios y toque de silencio estricto, etc.  Pero nos interesaba su situación céntrica para visitar la ciudad.

 La idea original era aprovechar la tarde y mañana del domingo día ocho para visitar el Barrio Húmedo, degustando la sabrosa morcilla, de fama en esta tierra.  Su Catedral, que es la mejor muestra del arte gótico español,  desde el exterior por la noche, para verla iluminada desde dentro, así como al día siguiente, desde dentro, con el sol dando en sus  setecientas treinta y siete vidrieras.  Cada cristal se convierte en fuente de mil matices coloreados, donde no se sabe “si la luz se hace palabra, o si la palabra se transforma en luz”. Y si quedaba tiempo acercarnos para ver la Real Colegiata de S. Isidoro, que es sin duda, uno de los monumentos románicos más importantes de España, con su famoso Panteón de los Reyes, así como las pinturas románicas de sus bóvedas del siglo XII por la que se la denomina la “Capilla Sixtina” del románico.  Como al final no fue lo planificado, queda pendiente para cuando reiniciemos el resto del Camino, desde esta elegante ciudad, hasta Santiago.

Llegamos al albergue a las 12,30 horas.  Nada más entrar, con la primera impresión, ya se nota que es diferente.  Un gran letrero de “Se ruega silencio” es lo primero que se encuentra al entrar en el patio del convento.  Tras subir una escalera estrecha, exterior y de un solo piso, se entra en una especie de antesala donde se agrupa a los peregrinos para recibirles y darles o explicarles las normas de convivencia del albergue.  Nos reciben e inscriben tres veteranos de origen francés, no era casualidad que todos los peregrinos franceses terminen en este albergue.  Te adjudican hasta la litera que te corresponde. Dormitorios separados, incluido los matrimonios,  servicios separados, toque de silencio a las 9,30 horas, etc.

A Pedro le tocó ducharse con agua fría, ya que el depósito se había agotado, y éramos de los primeros que entramos. Tiene capacidad para 45 plazas más algunos colchones, y carece de cocina.  Al poco tiempo llegó Enrique, y al ver el ambiente nos propuso irnos a un hotel, para disponer de más horas para disfrutar de tan hermosa ciudad, ya que a las nueve y media había que estar en el sobre.  Tras comentar la propuesta, y puesto que tenemos tiempo suficiente, y mañana es domingo, decidimos en lugar de quedarnos, tomar un tren y regresar hasta Ávila para estar con la familia.  Tras llegar a la estación nos fuimos directamente a taquilla para sacar los billetes.  Como para gusto hay colores, no nos poníamos de acuerdo entre tomar un regional expres que tenía la hora de salida a las 16:50 horas; o un talgo, con salida a las 18:12 horas, después de varios escarceos de si es muy lento, que llegamos a la misma hora con el talgo, por que  sale más tarde, y pagar más... etc.  Al final sacamos los billetes para el regional expres con salida a las 16:50 horas y llegada a las 19:34 horas.

Tras tomarnos unas cañas en la misma cafetería de la estación, comimos en un restaurante cercano, llamado Mesón Asador- Casa Chus.  La comida se pasó charlando y recordando los últimos días vividos: –personas, risas, chascarrillos, los fuertes e inaguantables ronquidos, ampollas, curas, broncas, que también las hubo...


PEDRO MENA URRUTIA ENRIQUE JIMÉNEZ LASTRAS FCO. JAVIER RODRÍGUEZ FDO. MARTÍN BRAGADO

                                                                                                                            Cena en Calzadilla de la Cueza

            Ya de vuelta y en el tren, te queda como un sabor agridulce.  Contentos, pues hemos terminado con éxito nuestro proyecto según las etapas y kilómetros programados;  y sin embargo, te encuentras como melancólico por haber finalizado un programa muy deseado.

          Este ha sido un pequeño resumen y recuerdo de los 252 kilómetros recorridos de nuestro trocito del “Camino de Santiago 2005” .

            No se puede definir, medir, etiquetar, ni atrapar el “Camino” ya que cada uno tiene el suyo propio. Pero si podemos  hablar de él. Qué es como la vida misma, va paralelo a ésta.  No importa como,  ni de que forma se haga, andando, en bicicleta, a caballo, en silla de ruedas, de un golpe, dos, tres o cuántas veces sea necesario para terminarlo. Lo importante es hacerlo, cada uno a su ritmo y manera.  Lo cierto es que engancha y mucho. Tiene ratos buenos y malos, con risas y sollozos, alegrías y penas y que nadie se engañe, el “Camino” es duro, muy duro, por que no olvidemos que el “Camino” es, la vida misma.

 

ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO DE SANTIAGO EN ÁVILA.

TFNOS: 618 953 077   •   Hospitalero Albergue de Ávila:- 699 327 792 

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